Crónicas

Senderos Extremos en el Cerro Mariposa

Santa Fe de Veraguas nunca decepciona. Esta tierra llena de vida cuenta con gran cantidad de sitios para visitar entre cascadas y cerros. En mi retorno, después de visitar Cerro Tute, tendría otra oportunidad de acampar, compartir con La Tribu Guarumo y encontrarme con toda clase de sorpresas desde el inicio hasta el retorno de esta aventura. También hubo algo de drama externo a la actividad. Los invito a leer mi experiencia a continuación.

Receta:

  • Destino: Llegar a la cima de Cerro Mariposa en Santa Fe, Provincia de Veraguas, Rep. de Panamá.
  • Transporte utilizado: Automóvil.
  • Tipo de sendero: Intermedia a Difícil, indispensable ir con guía, cerrado y fangoso terreno así como mayor posibilidad de encontrar serpientes o fauna silvestre.
  • Tiempo: 7 horas ida y vuelta. Ruta de Wikiloc (cortesía de KCQ).
  • ¿Qué necesitas?: Guía para llegar a la cima caminando, agua (guía por venir), snacks ligeros,vestimenta adecuada para enfrentar el tipo de sendero.

ENERO / FEBRERO 2015. Finalizando el mes e iniciando el segundo del año, nos dirigimos con La Tribu Guarumo una vez más hacia Santa Fe. Tomamos la ruta a través de Calobre – Juaguito – San Francisco, donde nos topamos en este último con la festividad que celebra anualmente la cultura y arte en este pueblo. A lo lejos vimos la tarima con la presentación típica que se daba en el momento. Para poder cumplir con nuestro itinerario buscamos otra ruta y llegamos en la noche del 31 de Enero al Hotel Santa Fe.

Una lección importante en esta ruta es ser siempre responsables en el manejo a la defensiva. El recorrido es menos distancia que ir hasta Santiago, pero la carretera es muy oscura y no es poco frecuente toparse tanto con personas que humildemente caminan largas distancias como otras que humildemente se encuentran en estado etílico. En esta visita, lastimosamente, hubo un accidente del cual no obtuvimos detalles pero involucró la policía y algo de drama. Nuevamente, siempre manejen con cuidado especialmente de noche.

El Hotel Santa Fe es una excelente opción para hospedaje. Se encuentra poco antes del centro del pueblo, cuenta con restaurante y puede coordinar visitas guiadas a muchos sitios de esta hermosa región. Además, ofrece un espacio útil para que campistas puedan refugiarse con sus tiendas o hamacas. Muy amablemente se nos ofreció este espacio por el cual reunimos cada uno un poco de dinero por la cortesía.

Tiendas bajo techo.

Tiendas bajo techo.

Además, en el centro del pueblo también se celebraba la feria anual, por lo que quienes quisieron fueron a visitar el evento con tarima de presentaciones, música y comidas. Yo pasé de esta ocasión ya que buscaba más tranquilidad, en especial luego de haber manejado las 6 horas que suele tomar llegar.

Más tarde, aprovechamos el refugio y la noche para compartir una barbacoa, con buena conversación, algo de drama sobre el uso de la palabra lodo, y chorizos. Me tocó conocer más sobre el grupo, algunas caras ya memorizadas, un par nuevas y eventualmente poder dormir.

Mi carpa la había adquirido recientemente, una Eureka! Spitfire 1. La misma fue objeto de burla de algunos y curiosidad de otros por su apariencia pequeña. Quienes me conocen saben que soy alto, midiendo por lo menos 1.86m. Quienes me conocen mejor también saben que investigo mucho antes de adquirir un artículo, especialmente si es de importancia como la tienda de acampar. La misma ofrece un excelente balance de costo vs. precio vs. tamaño y peso. La única desventaja es que la carpa no es del tipo “freestanding” lo que quiere decir que necesita ser anclada en al menos dos puntos para mantenerse alzada. Para ello aproveche el área de tierra al lado del refugio, donde me ubique sin problemas. La carpa ofrece el tamaño perfecto para yo dormir cómodamente, combinado con el excelente sleeping pad autoinflable ALPS. La tienda había soportado vientos fuertes hace unas semanas atrás por La Trinidad del Copé, y con el hotel y refugio esto no sería problema alguno.

Una excelente mañana para sufrir. Digo, para senderear.

Una excelente mañana para sufrir. Digo, para senderear.

Llega la mañana del 1ro de Febrero, el clima es fresco y las vistas hacia los cerros prometen aventura. Para esta ocasión cargaba una duda: durante la organización del evento, se recomendó utilizar botas de caucho por la cantidad de fango (les aviso que no puedo utilizar el término lodo) que se predijo habría. Ya las había adquirido durante la semana previa, pero a mi entender el uso de unas buenas botas de senderismo podría ser suficiente. Las de caucho las probé y aparte de necesitar plantillas de pie para mayor comodidad, no se podía uno escapar de lo calientes que eran. Decidí esperar a que apareciera nuestro guía y ver que utilizaba y entonces seguir sus pasos.

Nuestro guía. Por algún motivo no considere la importancia que tendría mostrar las botas un año después.

Nuestro guía. Por algún motivo no considere la importancia que tendría mostrar las botas un año después.

Poco antes de las 7AM llega Edgar, nuestro guía. Mientras nos espera, observo que utiliza botas de sendero. Mejores, pero no son de caucho y siento alivio. Me pongo mis botas y con el resto del grupo listo nos vamos en caravana por la misma carretera que usamos antes para llegar a la cascada Alto de Piedra.

La entrada al sendero queda frente un lote donde nos pudimos estacionar. Desde aquí las llantas de los autos y las botas cuando nos bajamos quedaron a prueba ya que la tierra estaba enfangada. Empezamos la caminata a través del denso bosque. Estaba probando también una camisa de senderismo de Unicrese, pero la humedad se encontraba al máximo y el clima lluvioso se encargó rápidamente de saturar esta prenda.

La neblina estuvo presente durante buena parte del recorrido, creando un ambiente de misterio, pero que igual permitía deslumbrar pedazos de flora y fauna que me recordaron los sentimientos que tuve durante mi primera experiencia en Cerro Gaital, aunque en esta ocasión con mayor intensidad. A pesar de la necesaria advertencia de poder toparse con serpientes venenosas en el camino, o como les llaman en el grupo a veces, las sin orejas, no se nos cruzó ninguna en el camino. Igual siempre es importante estar alerta a esto.

Fueron 7 horas ida y vuelta, probablemente 4 de ellas subiendo. El fango hizo resbalar hasta a los más experimentados y a mí sin duda alguna. Mis botas resistieron, aunque no era nada raro ver como un compañero o compañera de sendero quedaba con algún pie fuera de su bota, la cual era fácilmente tragada por la tierra.

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La vegetación fue definitivamente fascinante, aunque la sorpresa mayor la encontramos a pocos metros de la cima. Nuestro guía pudo mostrarnos en el suelo una huella. La misma la identificó como la de un puma. Para mi, fue la primera vez (y afortunadamente no la última), que me topaba con semejante evidencia de vida salvaje. Muy emocionados caminamos lo poco que faltaba, saliendo de la densidad del bosque para quedar en la pequeña cima del Cerro Mariposa. Lastimosamente, la neblina cubría por completo el área. Cada uno nos veíamos con un tinte gris por lo espesa de la misma. Encima de todo, los que no llevamos abrigo tuvimos que aguantar doblemente el frío ahí. Otra lección aprendida pero igual enormemente disfrutada.

Fango Cerro Mariposa 2015El retorno aunque ligeramente más rápido, resultó un reto ya que todo el grupo cargaba cansancio y el fango no perdonaba de vuelta. Los resbalones y tragadas de tierra no se hicieron esperar. Los más experimentados, varios pudieron adelantar con mayor velocidad, otros decidieron quedar atrás para no sobre esforzarse y cuidar el resto del grupo. Eventualmente todos salimos con la satisfacción de una cima más conquistada, y no cualquiera.

Llegamos de vuelta al hotel, donde se nos ofreció un baño y manguera para poder volver a nuestro estatus pre-fango. Luego regresamos a la que era la fonda favorita para una buena comida de despedida. Sin embargo, para algunos las sorpresas no terminarían ahí.

Para el retorno tuvimos un pequeño inconveniente con la cantidad de autos. Teníamos un auto menos que cuando vinimos. Después de una ligera discusión, cuadramos quienes irían en cada vehículo, marcando de manera accidental un nuevo destino. En el auto iba un ecléctico grupo de personas con toda clase de personalidades. Algunos estaban inquietos por retornar, otros no, otros habían sufrido un poco más del agotamiento y por lo menos uno sentía la enorme necesidad de parar en una tienda para comprar hielo y pintas.

De retorno y recordando los incidentes encontrados en la ruta de venida, decidí experimentar con Waze para que nos guiara de retorno a la capital. El resto de la caravana tomo la misma ruta que venida para retornar. En mi caso, todo iba “bien”, hasta que Waze nos pidió tomar un giro a la izquierda por una carretera que, aunque en buen estado, era solo de tierra. Decidí aceptar el reto y tomé por ahí. La mayoría del grupo se encontraba durmiendo.

Continuando el trayecto, cada vez se sentía más desolada la calle. Luego en un giro pasamos por un pequeño grupo de residencias con muchachos en bicicleta y otros jugando alrededor. Me imagino que ellos sabrían mejor que yo que había tomado por la ruta menos eficiente. Como Waze mostraba que eventualmente saldríamos a la interamericana, decidí seguir. Poco después quedamos nuevamente en un área desierta, excepto que al mirar a la derecha se empezaban a elevar finca tras finca de cañaverales. Para entonces ya eran entre las 5 y 6 de la tarde, por lo que los rayos de sol atravesaban por las plantas de caña, regalándonos una vista hermosa. Fue en estos momentos que los pasajeros empezaron a despertarse, probablemente confundidos y arrepentidos de haber elegido mal el auto de retorno. Nos detuvimos un momento, algunos para apreciar el atardecer, otros para descargar sus vejigas.

El resto de este trayecto fue interesante, por un lado los cañaverales, por otro sobrepasando y esquivando los enormes tractores que aún trabajaban en el área. Eventualmente pude acelerar un poco sobre una carretera algo rocosa y salir a la interamericana.

El resto del viaje igual fue agobiante en el carro hecho lata de sardinas, pero los recuerdos de esta aventura serían vivamente recordados hasta hoy que me toca escribirlos.

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