Aventuras

La psicología del Volcán.

Algunos ascensos generan más ansiedad que otros ya sean por la cantidad de kilómetros por recorrer, el tipo de sendero, las pendientes de las subidas, el clima o las horas planificadas para el recorrido. Al final es una batalla que se genera contra sigo mismo. Se puede preparar el cuerpo pero aún más importante es preparar la mente para afrontar felizmente todo lo que viene por delante.

Primer ascenso 2@3 Abril 2016

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Inicio del trillo

Historias. Las historias que pude escuchar de otros ascensos, tanto buenos como malos, generaban una expectativa y un temor adicional, tener en mente el no querer exceder la cantidad de horas con luz y caminar de noche, no lograr cima, el mal de altura en conjunto con la fatiga y claro soportar el frío de la noche (por ser friolenta), no llegar a ser una carga para el grupo, entre otros eran temas que me generaban ansiedad.
Para subir el Volcán Barú por primera vez mi preparación fue tanto psicológica como física. Muchos compañeros de sendero me hacían el comentario que yo estaba lista para hacerlo, pero ¿Yo me sentía lista? La respuesta para mis adentros era un no, a pesar de llevar un año caminado por diferentes lugares de la Panamá.

Evitar. Por mucho tiempo evité a Barú y la única razón era el miedo, ¿a qué se debía ese miedo? Ni idea! Era algo irracional, pero luego de leer el artículo “Año Nuevo, Volcán Viejo” me dije que era tiempo de enfrentarlo de una vez y por todas.

 

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En el filo del machete

Creer en ti. La persona que me ayudó a superar mi miedo fue Samuel Panajungla, su explicación de cada sección del sendero, cómo debía caminarlo y sobre todo inyectarme pensamientos positivos me ayudaron a ver que no era algo difícil. Lo que me hizo entrar en razón fue la frase “no te dejes intimidar”. No dejarse intimidar por el ritmo que puedan llevar tus compañeros. Debes desconectarte y dejar que el cuerpo haga lo suyo. Los primeros kilómetros, me explicaba él, eran fáciles de hacer y en algún momento yo iba a pensar que eran sencillos, pero no debía gastar mis energías en ir rápido esos tramos porque esa energía la iba a necesitar en la parte de “las rocas”. Abastecerme si era necesario en el ojo de agua y si no tenía un filtro a mano echarle una gota de cloro al agua. En la parte de las rocas utilizar audífonos y escuchar música para relajarme y nada de llevar cosas innecesarias para ahorrar peso en la mochila e ir lo más liviano posible. Esos y muchos otros consejos los repasaba como un mantra al armar la mochila y antes de iniciar la caminata.

 

El ritmo al caminar. Efectivamente todo lo que él me explicó fue verdad: extralimitarse en las secciones fáciles podía llevarme a gastar mis energías. Al estar prevenida trate, buena parte del camino, de conseguir el ritmo que me iba a ayudar a subir sin acelerar mi respiración y mi corazón porque he allí la razón del cansancio. Lo que puedo recomendar a las personas que lo hagan por primera vez es conocer su ritmo apropiado al caminar para minimizar la fatiga. Ir a un paso más rápido en los planos y en las pendientes un pie delante del otro con un ritmo suave pero sin parar y respirar por la boca ayuda a relajarse.

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No mirar hacia arriba. No mires hacia arriba porque verás todo lo que te falta por recorrer y esa voz en tu cabeza que dice “no podrás, detente, estás muy cansada, ¿Qué haces aquí?” irá ganando y aunque tu cuerpo pueda hacerlo, la mente te jugará malas pasadas. Es una lucha constante y se debe pelear bonito. Yo no quería mirar ni hacia adelante ni hacia atrás por temor a perder el equilibrio y caer.

La risa y los chistes.20160402_121108 Tuve la buena suerte de ser parte de un grupo de senderistas que llevaban un buen ánimo a pesar de algunas complicaciones o dolores que estuvieran padeciendo. Los chistes y las burlas a uno u otro miembro hicieron ameno todo el recorrido especialmente en el arenal. Cuando nos tocó ser bañados por lo que en un principio era bajareque y luego se convirtió en lluvia, lo positivo y chistoso era poner tomar del agua que recorría por mi rostro y así no acabar el de reserva en la mochila o que no había sol y estábamos frescos.
Mantener una actitud positiva, reírse y echar chistes, malos o buenos, son armas para sentir menos pesado el camino y desconectarte de cuánto falta por delante, que en mi caso sirvió a la perfección.

Si nos perdemos, nos perdemos juntos. Ser un buen compañero debe ser una consigna de todos los senderistas en todos los caminos. Debo confesar que me sentí un poco decepcionada al estar frente al último kilómetro para llegar a las antenas y no poder culminar, yo lo veía allí y tenía el entusiasmo y la energía pero tuvimos que regresar y bajar al cráter para mantenernos juntos porque separarnos y dejar a un miembro atrás no era, para mí, una opción. Eso no resta que pasamos una tarde y noche divertida en el cráter a pesar que “llovió” dentro de mi carpa por la condensación. A la mañana siguiente culminé ese último kilómetro y todo fue olvidado para dar paso al estado de admiración del amanecer y la naturaleza que nos rodeaba.

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Risas y felicidad frente al letrero Volcán Barú de la ANAM

Cuida tu energía. Todo lo que sube tiene que bajar, subir es importante pero bajar también lo es, yo tenía eso presente todo el camino. Para mí la meta era ascender/descender y tener algo de energía de emergencia y no “quemarme” desde el principio. Considero que si te cansas al iniciar es difícil que tu cuerpo se recupere si lo sigues sometiendo a ese esfuerzo físico, lo que te lleva a parar más, gastar más tiempo y sentirte físicamente peor. Es la conclusión a la cual llegué luego de ver el comportamiento de mi cuerpo en muchos senderos.

Ganar la guerra. Yo gané mi guerra interna y ya en los autos lo celebré. Lo que ayuda a ganar la batalla si se cree que no se puede sólo es; prepararse con antelación, hablar de lo que nos preocupa con otras personas que ya han subido y luego el día del ascenso tratar de no pensar excepto en no caerse por un barranco, no gastar tus energías en pensamientos que no sean positivos, reír cada momento que puedas, ser curioso, disfrutar de lo hermoso que es ese sendero y dejarte maravillar por la naturaleza que te rodea.

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AnécdotasMucho escuché de la 45, el bosque de las brujas, el ojo de agua, el arenal, el temido kilómetro 7, pero para mi sorpresa al iniciar el camino estaba tan concentrada en mi respiración que conocí el ojo de agua porque tomé agua de allí y les confieso que no con muchos ánimos. El arenal con el cable porque a lo lejos vi el famoso cable o también lo habría dado por mito, incluso si mi compañera Dioselina no me hace ver hacia abajo no me percataba del cráter, mi mente divagaba.
Tres grupos subieron el mismo día que nosotros, a pesar que iniciamos más tarde que dos de ellos llegamos primero al cráter y con un muy buen tiempo: aproximadamente 8 horas. Algunos miembros del segundo grupo aún de noche estaban subiendo por el arenal, uno de mis más grandes temores, pero por suerte todos llegaron bien.
Comprobé que a las personas les da ánimos de comer rizadas, pastillas de menta, chocolates, abrir latas de tunas y dejarlas casi intactas, dejar su ropa en el trillo, inclusive ir al baño en medio de los desfiladeros (cuando la naturaleza llama…) y los más audaces llevan latas de pintura para dejar sus nombres en las rocas para la posteridad.
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Que en la tienda Kelty de mi compañero Ricardo caben 4 personas y hasta hacer yoga, la posición del gato, se puede con mucha destreza. Que Dioselina tiene los súper poderes de la Biología, y a falta de plantas, llena su mochila de rocas. Que Alfredo puede hacer el arroz más rico del mundo y el chocolate y… bueno yo tenía mucha hambre todo estaba rico. Que el alcohol puede ser una droga poderosa en alturas. Que mi tienda de 1 ½ personas es buena para dormir con un sistema de goteo interno nocturno pero que se puede combatir con un sleeping bag de emergencia. Y lo más importante, quitarse los pantalones para secarse aunque parezca una muy buena idea, no lo es.

Dioselina, Alfredo y Queeny en la cruz del volcan

Dioselina, Alfredo y Queeny en la cruz del volcán

Me divertí cada momento que pase con mis tres compañeros superando mi miedo al Volcán Barú, espero volver y realizar más ascensos al techo de Panamá.

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Categories: Aventuras

6 thoughts on “La psicología del Volcán.

  • natural_tour@yahoo.ed' Nariño Aizpurúa

    Wooow me encanto la sinceridad y la emotividad de este articulo!
    Felicidades en tu primera vez, percivo que no sera la unica ni la ultima….”nos vemos en la cima”

  • nelengomez@yahoo.comes' Nelida

    Me encanta el relato. He subido al Barú una sola vez. El ánimo del grupo que va en grupo y la compañía de personas que lo han subido antes hace la diferencia.

    Hice el ascenso en enero de 2016 porque Dioselina posteó fotos en su muro dos meses antes. Lo hice sin saber mucho de la 45 y el cable y demás. La presencia de Bonarge, Ricardo y Boris y las primerizas como yo, Lizette y An Lu fue lo más importante en mi ascenso. Y darme tiempo para descubrir el paisaje y la naturaleza fue algo único que me llenó de ánimo. Llegamos en casi 8 horas bien sudadas y cansonas.

    El grupo, el apoyo del grupo y el estar centrado como dices Alfredo es la clave. Los felicito. Me alegra que lo hayan logrado y se sientan satisfechos.

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